Radio Amishar

1 de septiembre de 2011

SANTIFICACIÓN GENUINA

Meditaciones Matinales
De Amigos Adventistas
Cada día con Dios - Elena G. de White
Hoy es Jueves 1 de septiembre del 2011


SANTIFICACIÓN GENUINA

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Luc. 9: 23.

El lunes pasado la reunión comenzó a las cinco y media en la carpa. Hablé durante treinta minutos acerca de la necesidad de practicar economía en la indumentaria y los gastos. Existe el peligro de que nos volvamos desordenados y descuidados en el manejo del dinero del Señor. Los pastores jóvenes que trabajan en la carpa deberían ser cuidadosos para no incurrir en gastos elevados. Las necesidades de la causa son numerosas. A medida que las carpas avanzan hacia nuevos territorios y la obra misionera se extiende por doquier, se debería aplicar la más estricta economía, sin caer en la mezquindad. . .
Nuestra reunión matinal se celebró en la carpa. Volví a hablar una media hora con respecto a la santificación genuina que no es nada menos que una muerte diaria al yo, y una diaria conformidad con la voluntad de Dios. La santificación de Pablo era un conflicto cotidiano con el yo. Dijo: "Cada día muero" (1 Cor. 15: 31). Su voluntad y sus deseos contendían todos los días con su deber y la voluntad de Dios, por más desagradables y crucificadoras que fueran para su naturaleza. La razón por la cual tantos en esta época de la historia del mundo no progresan más en su vida espiritual consiste en que consideran que su propia voluntad es la de Dios. Hacen exactamente lo que quieren y se ufanan de que están haciendo la voluntad del Señor. Se complacen plenamente y no tienen conflictos con el yo.
Al principio muchos combaten bien contra los deseos egoístas de obtener satisfacciones y comodidad. Son sinceros y fervorosos, pero se cansan del agotador esfuerzo de morir cada día, y de la constante lucha de resistir las tentaciones de Satanás, de manera que la indolencia les resulta tentadora, la muerte al yo repulsiva, y cierran los ojos somnolientos y se rinden a la tentación en lugar de resistirla. Los pecados de moda, y el orgullo de la vida, no parecen tan repulsivos.
La Palabra de Dios no transige con los que se conforman con el mundo. El Hijo de Dios manifestó que podía atraer a todos los hombres a sí mismo, pero no vino a adormecer al mundo, ni a enviar paz, sino una espada. Los seguidores de Cristo debemos avanzar iluminados por la luz de su glorioso ejemplos y aunque tengamos que sacrificar la comodidad o la complacencia egoísta, no importa cuánto tengamos que trabajar o sufrir, debemos continuar guerreando contra el yo para enarbolar el estandarte del evangelio (Carta 49 a, del 30 de agosto de 1878).

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