Radio Amishar

4 de noviembre de 2014

Bautismo

Cuando confesamos, Dios perdona (1Jo_1:9). Juan el Bautista odiaba intensamente toda clase de pecado e impiedad. Dios nunca envía mensajes que halaguen al pecador; eso sería fatal para la vida eterna. Una de las evidencias de la reforma genuina es el sincero arrepentimiento del pecado y el apartarse de él. Del mismo modo, una de las evidencias de que un mensaje en realidad procede de Dios es que en su presentación señale el pecado y llame al arrepentimiento y a la confesión. Así ocurrió con los profetas de antaño (ver Isa_1:1-20; Isa_58:1; etc.), así sucedió en tiempos del NT (Mat_3:7; Mat_23:13-33; Rev_2:5; Rev_3:15-18), y así también ocurre hoy (1JT 329). El bautismo de Juan era un “bautismo de arrepentimiento” (Mar_1:4). Esa era su característica más notable. Eran los pecados de Israel que estaban a la raíz de todos sus males, tanto individuales, como nacionales (Isa_59:1-2; Jer_5:25; etc.). Procuraban en vano librarse de esas calamidades. Anhelaban la liberación y rogaban a Dios que los librara del yugo romano, pero la mayor parte de ellos no comprendían que el pecado debía ser quitado del campamento antes de que Dios pudiera trabajar en favor de ellos (ver t. IV, pp 32-35).

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