Radio Amishar

24 de junio de 2014

La temperancia

La temperancia se puede definir como la abstinencia de lo malo y la moderación de lo bueno. Existen muchos productos que son nocivos para la salud (tabaco, alcohol, bebidas estimulantes y drogas) de los cuales se deben de abstener las personas que desean preservar su salud. Evitar el consumo de este tipo de sustancias es una de las mejores decisiones que puede tomar una persona que quiere tener una vida sana y feliz. Pero así como nos abstenemos de los productos que son nocivos para nuestra salud también debemos de moderar el consumo de los alimentos buenos aunque sean saludables, el exceso no es bueno y menos cuando se trata de alimentación. Este principio de salud de la Temperancia hace particular énfasis en la no práctica de aquellos hábitos que atentan contra la salud en su más amplio sentido. Su campo de aplicación es abarcante, siendo recomendable un análisis cuidadoso de nuestra conducta con el fin de lograr el reconocimiento la necesidad de cambiar. Los estimulantes tienen un efecto directo sobre los siguientes sistemas del organismo: 1. El inmunológico. Reducen la habilidad de los glóbulos blancos para combatir las enfermedades, lo que aumenta el riesgo de hepatitis, neumonía, tuberculosis y algunos tipos de cáncer. 2. El reproductivo. Por ejemplo, sólo dos o tres vasos de alcohol por día aumenta el riesgo de abortos, nacimientos prematuros y niños muertos al nacer. 3. El circulatorio. Aumentan el riesgo de enfermedades coronarias, reduce el azúcar en la sangre y eleva la presión y las grasas, lo que lleva a la hipertensión. 4. El digestivo. Irritan el estómago, causando hemorragias gástricas... El uso habitual del alcohol aumenta el riesgo de hígados grasosos, hepatitis y cirrosis del hígado y es responsable del 30% de todos los suicidios, 55% de las muertes en accidentes de auto, 60% de los abusos infantiles y 85% de la violencia doméstica. Ya la Palabra de Dios nos advierte: “El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio”. (Proverbios 20:1) Lo más natural sería, que cada ser humano tuviera seria conciencia de su papel frente al cuidado de su salud y solo así, podría evitar la enfermedad. Sin embargo, alejado de la fuente de donde fluyen raudales de luz, a saber nuestro Dios creador, el ser humano se ha tornado víctima de su propio invento. Prueba de ello, la alta prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, como hipertensión, obesidad, diabetes mellitus, etc, todas prevenibles. Por tanto, la Temperancia es un principio positivo, que implica además, un perfecto equilibrio en la aplicación de los Principios de Salud y el evitar todo aquello que conduzca a su detrimento.

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