Radio Amishar

25 de enero de 2015

¡Germina!

¡Germina!

Yo plante… pero el crecimiento lo ha dado Dios. l Corintios 3:6

Uno de mis hijos tuvo que hacer un experimento para su clase de biología. El propósito era determinar el desarrollo de unas semillas de habichuela luego de que fueran expuestas a diferentes condiciones. A Colocó dieciséis semillitas en agua durante veinticuatro horas. Después las secó y las separó en grupos de cuatro. Al primer grupo lo dejó en su estado original, al segundo le cortó la punta inferior de cada semilla, al tercero le cortó una porción equivalente a un cuarto y al último grupo le cortó la mitad de la semilla. Luego colocó cada grupo en papel absorbente y les proveyó todas las condiciones esenciales: un lugar confortable, y algo de luz y agua, para que pudieran germinar. Estas semillitas debían ser observadas con mucho interés; y cada día se registraba su condición y desarrollo. ¿Cuál fue el resultado del experimento? Solo las semillas mantenidas en su estado original fueron capaces de germinar y continuar creciendo hasta llegar a dar frutos. Aquellas que habían sufrido algún corte no presentaron crecimiento alguno. A1 reflexionar en este sencillo experimento pensé en que, muchas veces, nos asemejamos a estas semillitas. En nuestro andar por este mundo, mientras aguardamos la venida de nuestro Señor Jesucristo, vamos permitiendo que los afanes nos dividan. La ansiedad, las dificultades, las pruebas mal afrontadas hacen que vayamos dejando por el camino parte de lo que somos. Y así vamos perdiendo la esencia de nuestro ser, nuestra identidad cristiana. Vamos viviendo “porque sí” y por vista, perdiendo la fe y la esperanza. Solo la semilla que se mantiene en su estado original lleva frutos, crece, germina y comparte la vida. Cristo sí puede reparar todas tus heridas, todos tus daños, y darte vida a pesar de todo lo que hayas pasado y sufrido. Recuerda que si Jesús hubiese retrocedido tan siquiera un paso cuando fue herido, aun por sus amigos, nuestra redención se habría frustrado. Pero no retrocedió. Produjo fruto: el fruto de nuestra salvación y vida eterna. A pesar de las circunstancias adversas, ¡germinal ¡Crece! ¡Lleva fruto! Raquel Marrero. Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2015 “Jardines del alma” Por: Diane de Aguirre

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