Radio Amishar

12 de marzo de 2015

Débiles en la fe

Débil en la fe. Es decir, alguien que sólo tiene una comprensión limitada de los principios de rectitud. Anhela ser salvo y está dispuesto a hacer cualquier cosa que cree que se le pide; pero debido a la inmadurez de su experiencia cristiana (cf. Heb_5:11 a 6:2) y quizá también como resultado de su educación anterior y de sus creencias, trata de asegurar su salvación por medio de la observancia de ciertas reglas y prescripciones que en realidad no son obligatorias para él. Da mucha importancia a esas reglas; las considera como absolutamente vigentes para poder alcanzar la salvación, y está angustiado y perplejo cuando ve que otros cristianos que conoce, especialmente los que parecen tener más experiencia, no comparten sus puntos de vista. Las afirmaciones de Pablo en Rom. 14 han sido interpretadas de diversas maneras y usadas en las siguientes formas: 1 para menospreciar el régimen vegetariano, 2 para abolir la distinción entre carnes limpias e inmundas, y 3 para eliminar toda distinción entre días, aboliendo de paso el sábado. Que Pablo no se ocupa de ninguna de estas tres cosas, resulta evidente cuando se estudia el capítulo entendiendo ciertos problemas religiosos entonces vigentes, que perturbaban a algunos cristianos del primer siglo. Pablo menciona varios problemas que eran motivo de controversia entre los hermanos: (1) algunos se refieren a la alimentación (Rom_14:2), y (2) los otros tienen que ver con la observancia de determinados días (Rom_14:5-6). En 1 Cor. 8 también se trata el problema de la alimentación y los conceptos del hermano fuerte y el hermano débil. La Primera Epístola a los Corintios fue escrita menos de un año antes que la de Romanos. Por lo tanto, es razonable concluir que en 1 Cor. 8 y Rom. 14 Pablo está tratando, en esencia, el mismo tema. En Corintios el problema es si se debe o no comer alimentos sacrificados a los ídolos. De acuerdo con una antigua práctica, los sacerdotes paganos comerciaban ampliamente con los animales sacrificados a los ídolos. Pablo dijo a los creyentes corintios, tanto de origen judío como pagano, que como un ídolo “nada es” no era malo en sí mismo comer carnes dedicadas a los ídolos. Sin embargo, sigue explicando que, debido a sus antecedentes, educación y diferencia de discernimiento espiritual, no todos tienen ese “conocimiento”, y por lo tanto no podrían comer con limpia conciencia tales alimentos (ver com. 1 Cor. 8). Por eso Pablo instaba a los que no tenían escrúpulos en cuanto a esas comidas a que no participaran de ellas para no poner una piedra de tropiezo en el camino de un hermano (Rom_14:13). Su admonición está, pues, en armonía con la decisión del Concilio de Jerusalén, y proporciona por lo menos una razón por la cual ese concilio se definió así en cuanto a este tema (ver com. Hech. 15). Quizá para no escandalizar en esto, algunos cristianos se abstenían por completo de comer carne, por lo que su alimento se reducía a “legumbres”, es decir, alimentos de origen vegetal (ver com. Rom_14:2).

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